Entrevista a Joaquín Sabina por Diego Oquendo Sanchez

Como decía SuperTramp, "crisis", ¿cuál crisis Joaquín?
Ahora en España estamos acabando de vivir una crisis tremenda, pero aparte de las crisis económicas, el mundo está sufriendo un montón de crisis, fíjate con el ISIS, con el fundamentalismo islámico, todo ese tipo de horrores, o lo que ha pasado en México, todas las convulsiones que están pasando en el mundo, parece el Apocalipsis, ¿no?
Lo que ocurre es que las crisis que son malas para la sopa y para el bolsillo de los pobres, para las creaciones artísticas acostumbran a ser buenas porque es en los terremotos y las convulsiones donde uno frecuentemente encuentra la inspiración.

Entonces, como van las cosas en el mundo, también cabría decir "500 crisis para una noche"…
Pues sí, incluso más de 500.

Vuelves a la carga en solitario, ¿cuánto hay de empeño en "desfracturar" la crisis con volver a los escenarios?
La verdad es que volver a la carretera con la banda de músicos e ir de un país a otro, de aeropuerto en aeropuerto, de escenario en escenario, es un modo también de esquivar las crisis porque es ir con un puñado de canciones y compartirlo con públicos diversos y distintos, pero que hablan el mismo idioma, con acentos también diversos… Y esa ceremonia de compartir unas canciones hechas de lejos con gente también de lejos, pero que está tan cerca de nuestro corazón, es muy enriquecedora.

Joaquín, ¿echabas de menos a la banda, a tu banda, los escenarios, al público?
Sí, durante un tiempo uno está bien en casa descansando o escribiendo canciones, viendo a los amigos, pero la carretera es un virus que a los músicos, sobre todo a los que tienen algún parentesco con el Rock & Roll o con la lírica, los llama.

"500 noches para una crisis", ¿supone un tour de grandes éxitos? De ser así, ¿reinterpretar viejas canciones supone recomponerlas?
Bueno, exactamente no es un tour de grandes éxitos, sobre todo porque recrear el disco fue para mí elemental y liminal en el sentido que fue cuando cumplía 15 años, y el 2000 fue un año en el que tuve un ictus (trastorno brusco de la circulación cerebral); fue un año en donde dejé algunas costumbres y comencé a amoldarme a otras. De ahí, saqué un disco muy del fondo, que siempre lo he querido recrear como lo hacemos ahora. Entonces tienes razón, es reinventar canciones y tocarlas como las sentimos ahora mismo.

¿Cuáles entre ellas? Tú tienes ya auténticos clásicos…
Tocaremos de ese disco por lo menos nueve o diez. Tocaremos "Ahora", tocaremos "19 días y 500 noches", tocaremos "Noches de boda"; y, luego, tocaremos eso que tú llamas grandes éxitos, que es, por un lado, lo que quiere el público y, por otro lado, también lo que queremos nosotros.

Yo los llamaría más bien grandes clásicos porque eso es lo que son por derecho propio.
En los tiempos que corren de Facebook y Twitter, Internet, ¿cuál es el lugar para las princesas, Joaquín?
(Risas) No sé de qué me hablas porque no tengo ni Internet, ni Twitter ni teléfono móvil, soy absolutamente analfabeto en nuevas tecnologías y así pienso seguir.

Sin embargo, en los tiempos que corren tan violentos, tan turbulentos, ¿queda lugar para las princesas y, por lo tanto, para príncipes encantados?
Yo creo que sí, yo creo que los sentimientos y el romanticismo, las sensaciones amorosas, el misterio y todo eso, las nuevas generaciones lo reviven cada una a su manera, pero son sentimientos eternos. Yo creo que una buena canción de los años 30 está completamente viva, como están vivos los sentimientos que los causaron, por eso las canciones son un método de comunicación tan asombrosamente sentimental y generacional.

Concuerdo, necesitamos mucho de las viejas canciones, pero también de nuevas. Entonces, ¿ha florecido tu pluma, Joaquín?
La verdad es que sí porque esta gira está haciendo muy emocionante para nosotros, entonces, entre concierto y concierto; en las furgonetas y en los aviones voy rellenando hojas en blanco, que en julio grabaremos, haremos un nuevo álbum con canciones nuevas.

¡Ah, fantástico! ¿Tiene nombre el nuevo álbum?
Aún no, aún no tiene nombre (risas).

De la intimidad, con la época de la Mandrágora, a los escenarios, a los estadios y a las arenas enormes en las que te presentas, ¿qué hay, qué se perdió y qué se ganó?
Bueno, se perdió un poquito de intimidad, pero nosotros –y ya lo vereís en este concierto–, hacemos lo posible y lo imposible para convertir el escenario, por grande que sea, en un pequeño boliche, en donde la gente se sienta cómoda y a gusto y en donde se les hable de tú a tú.

¿Quiénes te acompañan en esta gira Joaquín?
Pancho, Antonio, Marita, Jaime Azúa, mi grupo de siempre. Es un grupo que es mucho más que eso, porque no son músicos que alquila uno para una gira, no son músicos de sesión, no son mercenarios de la música, componen conmigo, viven conmigo, viajan conmigo, son mi familia.

Ahora que te menciono Quito, ¿qué te viene a la retina?
Tardé bastante en llegar a Quito, y desde que fui me removió no sé qué extraño sentimiento. Me gustó mucho y siempre que planeamos una nueva gira, siempre le digo a mi mánager que por favor vayamos a tocar a Quito.

Recuerdo, que te vi la primera vez en el Rumiñahui, en el marco de una invitación del maestro Guayasamín, sí, a ti, a las canciones y a la guitarra… Es increíble cómo has crecido en el mundo y acá en Ecuador…
Eso se lo debo más al público que a mis propios méritos. Yo en Ecuador desde la primera vez noté una cercanía con el público muy conmovedora.

¿Cuál es tu nueva promesa para esta nueva visita a Quito?
Mi promesa es que siga pasando lo que está sucediendo en España. Hablaba con mis músicos a la salida de un concierto y todos estábamos de acuerdo en que están siendo los mejores conciertos de nuestra carrera, desde el punto de vista del grado de complicidad con la gente. Espero que eso suceda, ojala así sea, en Quito.

El paso del tiempo quita algunas cosas pero da mucho ¿no?
El tiempo también compone y cambia las cosas, a veces las empeora y a veces las mejora.


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