Homenaje de Sabina a Gustavo Cerati | Luna Park – Concierto Nº 2 en Buenos Aires

 De traje verde y con galera, Sabina repasó los temas más conocidos de su carrera respetando su versión original, pero a la vez imponiéndole una cuota de actualidad con algunos arreglos.

“19 días y 500 noches”, “Barbi Superstar” y la “Una canción para la Magdalena ” fueron los indicios de lo que sería un show donde anfitrión y público se burlaron del paso del tiempo y reciclaron clásicos en un acuerdo tácito establecido entre las partes.

“¿Cómo hacen para cantar tan bien y pagando? ¡Lo difícil es cantar así y que me paguen!”, bromeó luego de saludar a su “Buenos Aires querido” y de explicar que la gira en realidad “fue un pretexto para volver a venir”.

El concierto, segundo de los 10 que ofrecerá en el estadio porteño, tuvo sus momentos emotivos. Y es que el autor se permitió rendirle un homenaje al poeta argentino Juan Gelman, con quien dijo compartió “sus últimos días” y con quien solía “intercambiar poemas, canciones y tequilas”.

Otro momento donde la emoción envolvió al estadio fue al mencionar a Gustavo Cerati, fallecido ayer a causa de un accidente cerebro vascular que lo tuvo internado desde mayo de 2010. “Para la gente de la música hoy es un día de grandísima pérdida”, dijo y señaló la pantalla donde por un minuto desaparecieron las pinturas para dar lugar a una fotografía del líder de Soda Stereo.Retomó el show repasando “Dieguitos y Mafaldas”, “Donde habita el olvido”, “Noches de Boda” y “Y nos dieron las diez”. También dio lugar para el popular “Cerrado por derribo” pero con el poema “Lo peor del amor” como introducción, y adelantó dos temas inéditos.

El espectáculo dejó una clara postura en defensa de los derechos humanos de la mano de Noa, la artista israelí invitada, quien en uno de los tres temas que entonó, habló de los derechos no respetados de las mujeres.

Noa fue presentada como “la pacifista que espera la paz nacida en Tel Aviv”. “Se dijo que (Joan Manuel) Serrat y yo tocamos una vez en Tel Aviv porque no nos importaba la guerra. A nosotros nos importa la guerra y cantamos para la gente. Jamás cantaremos para los gobiernos”, enfatizó en relación a la polémica que se reavivó por la presentación de la dupla durante los bombardeos de Israel a la Franja de Gaza.

En esa línea y volviendo a la Argentina, mencionó “la alegría inmensa” que sintió del “otro lado del charco” cuando se enteró que después de tanta búsqueda “encontramos a Guido” en referencia al nieto recuperado de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

Los aplausos del público apenas se amortiguaron cuando los músicos dieron lugar a “Con la frente marchita”, “Conductores suicidas” y el quizás más coreado de todos los clásicos “Y sin embargo”, aunque no se quedaron atrás “Contigo”, “Princesa” y “Pastillas para no soñar”.

Durante las dos horas y media de show, Joaquín demostró la generosidad con sus músicos y lo demostró dejándolos a cargo de algunos temas que supieron conducir con un alto nivel.

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One thought on “Homenaje de Sabina a Gustavo Cerati | Luna Park – Concierto Nº 2 en Buenos Aires

  1. Rogelio Llanos Q. 06/09/2014 at 3:49 - Reply

    DOS NOCHES PARA UNA CELEBRACIÓN

    Escribe: Rogelio Llanos Q.
    – I –
    Bajo la linterna frente a mi cuartel / Sé que me esperas, dulce amada mía / Y tu corazón al susurrar / Bajo el farol latiendo está / Lili, mi dulce miel / eres tú Lili Marleen / Cuando llega un parte y debo marchar / Sin saber, querida, si puedo regresar / Sé que me esperas, siempre fiel / Bajo el farol frente al cuartel / Lili, mi dulce miel, eres tu Lili Marleen…… Y mientras la voz de Marlene Dietrich se va apagando, Antonio García de Diego, Pancho Varona, Marita Barrios, Pedro Barceló y Jaime Asúa caminan en el escenario hacia sus instrumentos. Primera ovación de un público que los recibe expentante, entusiamado, afectuoso.
    Antonio toma su guitarra eléctrica y lanza su primera descarga. Un directo al corazón. Que no está en el disco. Lo ha preparado para esta ocasión, como el intro emotivo, punzante de un bolero con resonancias rockeras con el que el Sabina –que ahora camina decidido, sonriente, saco y bombín chaplinesco- da inicio a un concierto, que es a la vez la inauguración de su tour 500 Noches Para Una Crisis, gira inesperada porque no había disco nuevo de por medio, pero que es, sin duda, oportuna y bienvenida. Doblemente bienvenida porque por primera vez Sabina programa dos conciertos en Lima.
    Esta gira, según dice el mismo cantante, responde a su deseo de tocar en vivo el álbum de 1999, 19 Días y 500 Noches, en el mismo orden con el que aparecen los temas en el disco. Sigue así los pasos de Roger Waters, que nos presentó el célebre Dark Side of the Moon y de Lou Reed que filmó, de la misma manera, el hermoso y melancólico Magic and Loss y, tiempo después, el ahora clásico Berlín. No faltará alguien que se rasgue las vestiduras por poner al lado del Sabina a dos enormes íconos del rock. Pues que lluevan sobre mí los denuestos, pero me atrevo a afirmar que el Sabina hace rato que es uno de los grandes de la música contemporánea.
    Y es que 19 Días y 500 Noches, que precede al pequeño infarto cerebral que lo puso fuera de circulación durante varios años, tuvo una génesis en cuyo crisol se mezclaron los infortunios sentimentales del cantante, pero también el despertar de nuevas ilusiones que, poco después dieron lugar a una estabilidad emocional un tanto extraña en la agitada vida de un Sabina que ahora luce flaco, con más canas y arrugas…pero, quizás, más plácido y más lúcido.
    Lo cierto es que en los orígenes del disco, confluyeron el azar – personificados en el poeta y amigo, Benjamín Prado y el ex Tequila, Alejo Stivel- y la inspiración de un Sabina prolífico, con muchas cosas que contar y pronto a romper moldes y a integrarse con todos los honores a lo que Rubén, el cantante de la banda española Pereza, ha llamado con acierto el Olimpo de las Voces Rotas, donde habitan Tom Waits, Louis Armstrong, Chavela Vargas y Bob Dylan.
    19 Días y 500 Noches es un disco que reivindica lo mejor de la actividad compositiva de Joaquín Sabina, muy consciente del valor de esa grabación, cuyas pistas ahora las rememora a la luz de los últimos quince intensos años de vida, y que coinciden con el tiempo compartido con aquella mujer a la que canta con fruición: Ahora que tengo un alma/ que no tenía / ahora que suenan palmas / por alegrías/ Ahora que nadie es sagrado / ni sobre mojado / llueve todavía.
    Porque ahora, para aquel que cuyas canciones tomaban como motivo el universo macarra y marginal, los tiempos sí han cambiado. Y aun cuando el escenario que recibe al espectador tenga ese fondo rojo de burdel y la Dietrich nos remita a sus encarnaciones de mujeres fatales, lo cierto es que Sabina, antaño insomne y errante, conoce ahora de paz hogareña y, quizás, dentro de poco, de columpio en el jardín. Y está feliz. Y canta a esa felicidad, con las composiciones de aquellos días fértiles en que ‘las horas pasaban de prisa entre el humo y la risa’.
    500 Noches Para Una Crisis es una gira celebratoria. Otros quizás la vean como una de despedida. Puede ser ambas cosas. Lo cierto es que entre el rock, el blues, el bolero, la rumba, la milonga, la ranchera y el fox, Sabina estremece con su canto emotivo, con su voz desgarrada y expresa abiertamente cuánto ama a su Jimena, a su Carmela y a su Rocío, a sus amigos, a su España y a sus admirados Bob Dylan, Leonard Cohen y J.J. Cale.

    – II –
    Memorioso e irónico, Sabina alude también, en clave de rumba, a sus amores pasados en la canción que da título al disco. Lo mismo hará más adelante, con aires festivos que no ocultan su amargura por el desamor y sus remembranzas del Buenos Aires bien amado, en Dieguitos y Mafaldas y reincidirá, rumbero, con el corazón maltrecho y ajado, en Cerrado por Derribo. Los desengaños se curan con tragos y con canciones. Bien sabe el flaco que las amarguras no son amargas cuando las canta entre amigos y las escribe junto a su Panchito Varona y su Antonio García de Diego, sus incondicionales de siempre.
    Fiesta de acústicas, fiesta de coros. Y también fiesta de imágenes, porque los sonidos y las voces encuentran su correspondencia en unos dibujos nacidos del ejemplo de su maestro Dylan, trazados con la pasión de ‘un profano que disfruta desenredando el pubis de las putas… soñando con fundar la primavera… quemando las horas muertas’, cuando Venus le es esquiva o cuando ellas desaparecen al filo del amanecer.
    Y claro, no hay desengaños sin huella, y si bien el resentimiento y la crueldad ya se han aquietado con los años, la interpretación de Barbi Superestar –una suerte de Princesa, veinte años después- sigue golpeando con la misma dureza de lo vivido en el ayer. Cómo una historia así la podemos celebrar y cantar a voz en cuello, sin duda se debe a la magia de unas guitarras cuyos sonidos afilados en el ‘intro’ y vigorosos y acompasados a lo largo del canto, remecen y entusiasman.
    Cómo olvidar a un Sabina exultante, guitarra eléctrica en ristre, mientras alienta a un inspirado Jaime Asúa a mandar a la estratósfera los decibeles alcanzados por las cuerdas de su guitarra rítmica. Cómo no sentir el galope desbocado del corazón cuando una y otra vez Sabina, apelando a los acordes iniciales de Princesa, incita a su banda a inundar el espacio sonoro con las poderosas vibraciones de un rock que, más allá de sus notas alegres esconde el itinerario del desamor y el fracaso.

    – III –
    Entre la dulzura y la tristeza, Sabina nos acerca en cada interpretación hacia el universo femenino al que tantas horas de su vida ha dedicado. Antonio García de Diego, viejo cómplice de aventuras del cantante, lo acompaña con su piano de notas melancólicas en su derrotero evocador de aquellos tiempos transcurridos entre flores de un día, damas de noche y aves de paso. Una canción para la Magdalena, nos lleva también hacia las caderas de leche y miel, de una Marita Barrios, anhelante y provocadora, que luego terminaría de hechizarnos –en la segunda parte del show- con su voz poderosa en La Canción de las Noches Perdidas, Penúltimo Tren y el prólogo de Y sin embargo.
    Ya sea con guitarra eléctrica o acústica, piano o armónica, Antonio García de Diego es un maestro. Sabe qué notas pulsar para acelerar nuestros corazones, para emocionarnos. Basta con escuchar el riff de guitarra que interpreta en A Mis Cuarenta y Diez para reafirmar todo lo bueno que ya conocíamos de él a lo largo de su carrera junto a Miguel Ríos, Pancho Varona y el mismo Joaquín Sabina. Un músico de estirpe. Todo un placer verlo en el escenario al lado de sus amigos, bromeando cómplice en Pero Qué Hermosas Eran, haciendo los coros en Pastillas Para No Soñar, construyendo con las notas de su guitarra la atmósfera intimista de Donde Habita el Olvido y cantando a pleno pulmón (con olvido impune del Fito Páez de Enemigos Íntimos), en Vuelven los Dragones.
    Si me dieran a elegir una canción del Sabina, optaría por De Purísima y Oro. La España de la guerra civil queda reflejada en cada verso de esta hermosa y melancólica canción. En ella desfilan nombres, objetos, lugares y hechos que acontecieron entre los años treinta y cuarenta en un país en el que el sonido de las balas de la dictadura era ocultado por la voz de una Celia Gámez inflamada de nacionalismo y los escritos militantes de un José María Pemán tradicionalista y conservador. El sensible toque de mandolina de Antonio García de Diego y el bajo cómplice de Pancho Varona acentúan el tono triste de una canción que, particularmente, me conmueve y me subleva. De Purísima y Oro, teniendo como motivo el conflicto que desangró a España no es ajena a la estructura y concepción del disco y del concierto. El paisaje que surge de la composición del Sabina se nutre también de los amores entre el gran Manolete y la controvertida actriz conocida como Lupe Sino. Dedicada a su gran amigo, el torero José Tomás, De Purísima y Oro es una de las canciones que Sabina canta en estado de gracia.
    Con la Frente Marchita es otra bella canción que he tenido el privilegio de escuchar ahora. Teniendo como motivo el recuerdo de un amor por una joven bonaerense, Sabina construyó un tema, con resonancias tangueras, cuya evocación nostálgica atrapa y emociona. En Argentina, y lo vi en el Luna Park, en uno de los conciertos de la gira Dos Pájaros Contraatacan, Sabina supo al interpretar esta canción –en feliz dúo con Serrat- que Baires se rendía a su canto y a su afecto y supo también, quizás en ese instante, cuánto lo amaban los porteños.
    La interpretación de Con la frente Marchita en el primer concierto de esta gira del Sabina, dio lugar a un encendido homenaje a Leonard Cohen por parte de Pancho Varona. Su atuendo, con sombrero incluido, trajo de inmediato a la memoria una de las más conocidas imágenes de Cohen: la de la portada del disco que registra su concierto de 2008 en Londres. Muy en caja, Pancho ejecutó una interpretación sobria, grave, intensa, afín a la de su maestro, el creador de Suzanne. Pancho cantó, como dice el Sabina, con la tristeza de todo lo que se pierde. En el segundo concierto, hubo una variante, Pancho Varona rindió homenaje a JJ Cale, con un rítmico y ligero Conductores Suicidas.

    – IV –
    Los dos conciertos de Sabina en Lima han tenido sus sorpresas. No esperábamos oír cantar a los miembros de su banda. Pues lo hicieron, y lo hicieron muy bien, empezando por Jaime Asúa y su incendiario rock and roll en El Caso de la Rubia Platino. Definitivamente, se trata de una banda muy sólida y firmemente asentada -por el talento, por el derroche amical, por las admiraciones comunes- en el universo afectivo-musical del cantante.
    Bajo tales coordenadas al Sabina le es fácil declarar su afecto y admiración a quienes él considera sus grandes influencias. Sus guiños melómanos o literarios y sus abiertos homenajes a todos los que lo han ayudado a llegar al lugar donde ahora está, encuentran una natural complicidad en las interpretaciones de sus músicos, capaces de reinventar junto a él, las tonadas dylanianas de I shall be released (en la versión alterna de Arenas Movedizas) o, como lo hizo en sus dos conciertos de ahora, de It aín´t me, Baby (No Soy Yo, Nena).
    Escuché decir a alguien que pronto habrá disco del Sabina. No lo sé. Y si lo hubiera, no sé si pueda remontar la valla elevada que supuso Vinagre y Rosas, el notable disco que escribió al alimón con Benjamín Prado. No olvidemos que la estabilidad emocional y el arraigo familiar nunca se han llevado bien con la creatividad del artista. El Back Home de Eric Clapton es un buen ejemplo de ello. Pero, bueno, eso es el futuro. El ahora, es un Sabina cuyas interpretaciones, a despecho de un otoño ya presente, siguen siendo apasionadas, generosas y sarcásticas. Lo suficiente como para cantar con la misma intensidad de antaño: A ti te estoy hablando, a ti / que nunca sigues mis consejos, / A ti te estoy gritando, a ti / que estás metido en mi pellejo / a ti que estás llorando ahí, / al otro lado del espejo, / a ti que no te debo / más que el empujón que anoche / me llevó a escribir esta canción / . Corre…dijo la tortuga…. Eh, Sabina…que la tortuga siga corriendo…
    Lima, 25 de agosto de 2014.

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