La melancolía según Joaquín Sabina

 

  • Índice:
  • Introducción.
  • La melancolía: Definición etimológica y clínica.
  • ¿Qué fue de John Wayne? El infarto cerebral como punto de quiebre que ocasionó la melancolía en Joaquín Sabina.
  • La melancolía según Joaquín Sabina.
  • Ciento Volando: Sabina y Celaya como antagonistas en la búsqueda de la canción y la poesía perfecta.
  • La melancolía en “Quien lo probó lo sabe”: Un análisis de la vida sentimental y de las personas que influyeron en la construcción de los sonetos de esta sección.
  • Características de la poesía de la sección “Quien lo probó lo sabe”:  Estructura poética, influencias, temple de ánimo y actitudes poéticas.
  • Análisis del “yo melancólico” en “Quien lo probó lo sabe” como medio de reafirmación personal, literaria y artística de Joaquín Sabina, las influencias presentes en la sección y la melancolía en la carrera literaria y artística de Joaquín Sabina que ha originado la sección.
  • Conclusiones.

 

Introducción:

La obra poética de Joaquín Sabina siempre ha sido apreciada desde la musicalidad. Las letras llenas de sentimiento, de despecho, desesperación e ironía, lo han convertido en uno de los estandartes de una generación que está pasando o recién se está amoldando a la adultez y que aún mantiene recuerdos vívidos de su pasado juvenil.

En medio de este público nace la imagen de un poeta que se mantuvo irreverente durante muchos años, como el símbolo inalienable del hombre que maneja la palabra y la canción a su antojo, y así vive desaforadamente y sin límites en medio de excesos, drogas y damas de compañía. Sin embargo, a raíz de un infarto cerebral que lo llevó al borde de la muerte, Joaquín Sabina ha hecho un viraje en su carrera artística, convirtiéndose en una caricatura de su pasado e intentando volver lentamente a una tranquilidad añorada.

La sección “Quien lo probó lo sabe” es el punto crítico donde confluyen los instantes precisos, anteriores y posteriores, a su cambio radical. Es el instante donde deja de pensar en el rock con letras que bordean la protesta y la liberalidad, para pasar a una composición más elaborada y más melódica. Es la melancolía que aflora en este poeta y que provoca los estragos más grandes, pero a la vez, produce un cambio significativo y maravilloso para deleite de sus seguidores. Este análisis pretende ahondar en una pieza de la obra de Joaquín Sabina, la cual es fundamental si se quiere entender completamente al Genio de Úbeday su retorno a los escenarios con una propuesta totalmente distinta.

 

1. La Melancolía: Definición etimológica y clínica.

Al hablar de melancolía, se puede considerar la vasta inclusión de denominaciones comunes o factores que pueden propiciar un estado de ánimo similar o cercano. O bien detenerse en el planteamiento y en el nacimiento etimológico del término, el cual proviene de la Grecia clásica, siendo más precisos: de los Tratados Hipocráticos,los cuales plantean que la melancolía era la conjunción del humor negro y de la bilis, la cual provocaba una enfermedad severa o un proceso creativo maravilloso e ingenioso.

Además, durante la historia, la melancolía ha sido el motor que desarrolla la gran mayoría de obras de arte y de creaciones literarias o poéticas, dado que este estado de ánimo se da en los procesos de quiebre y de aislamiento, o en conflictos sociales o personales; los cuales, valga la redundancia, están presentes en toda la historia de la humanidad.

Hoy en día, la melancolía es catalogada como un cuadro clínico/psiquiátrico (Organización mundial de la salud – Asociación Psiquiátrica Americana) en el cual se dan procesos de descenso del estado de ánimo, pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación.

Según estudios médicos, es una subcategoría de la psicosis, lugar que se comparte con la esquizofrenia y la paranoia. Cabe resaltar que no es una depresión, ya que la depresión aparece como respuesta a situaciones externas o factores ambientales. La melancolía se hace presente mediante una alteración del organismo y puede darse sin necesidad de un factor externo.
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2. ¿Qué fue de John Wayne? El infarto cerebral como punto de quiebre que ocasionó la melancolía en Joaquín Sabina.

“En los últimos años he tenido una tendencia muy acusada al silencio y a la soledad. Rara vez veo a nadie. Ando con libros todo el día y con papeles en blanco. Ahora quiero aprovechar mi tiempo de otro modo, más para adentro, más reflexivo.”(Joaquín Sabina. Documental 19 días y 500 Noches)

Para comprender la melancolía de Joaquín Sabina hay que comprender las causas y remontarse a las secuelas que ocasionó el infarto cerebral que vivió el 23 de agosto del año 2001.

La juventud de Joaquín tuvo un carácter desenfrenado e irreverente. Enrique Morente lo define: “En aquellos años (…) salíamos muchísimo, bebíamos muchísimo. No había una presencia clara de que podíamos morir, de que nos íbamos a morir.” (Documental 19 días y 500 Noches).

Además, Joaquín venía formando por su cuenta una vida nocturna de bares y cafés, de tertulias y discusiones con literatos y poetas, presentaciones, viajes y abuso del uso de cocaína, la cual, según él, lo mantenía despierto dos días seguidos, lo cual era maravilloso para escribir canciones.

Durante el año 1999, la composición del disco 19 días y 500 noches le llevan a consumir grandes cantidades de whisky, café, cocaína y cigarrillos. A eso se le suman las amanecidas y la falta de un horario fijo. “Comía cuando sentía que se iba a desmayar” -dice Jimena coronado, su novia-. Este ritmo lo lleva al ictus cerebral. (Entrevista “Conversaciones Secretas” 25 de junio del 2011. Canal Plus. España.)

Según la entrevista que le hacen en la revista interviú el 10 de Septiembre de 2001, la noche anterior al accidente cerebral, luego de haber estado conversando y bebiendo con algunos amigos, Joaquín se fue a dormir en un fuerte estado de ebriedad.

La mañana llegó sin sobresaltos, sin embargo al intentar levantarse de su cama se percató de que la pierna derecha y el brazo derecho no le respondían.

El posterior internamiento en una clínica local y su pronta recuperación, acarrearon una serie de prohibiciones que tuvo que acatar si quería mantenerse saludable. Por primera vez, en más de cuarenta años, su ritmo de vida se vio mermado y se vio obligado a abandonar por completo los excesos. Y no solo eso, el miedo a la muerte lo llevó a una depresión y a un aislamiento totalmente dispar con el estilo de vida que había mantenido. Perdió las ganas de componer y de seguir con su siguiente disco, empezó a tenerle miedo a los escenarios.

En esos momentos se apoderaron de su vida el miedo y la inseguridad. Una inseguridad que era muy rara, porque no era física. Sabina lo explica como el desarrollo de una especie de miedo histérico a ir a un sitio donde lo conozcan o donde tenga que recitar o cantar, y antes  de ir terminaba vomitando y le temblaban las manos. A raíz de este problema, Joaquín canceló sus giras y empezó un tratamiento bajo supervisión médica. Por si fuese poco, cambió de amigos, cambió la cerradura de su puerta. Se podría decir que empezó a adecuarse a esa “infelicidad doméstica” de la que hablaba (o se quejaba) en cada una de sus entrevistas.

Joaquín defiende su posición de aislamiento de la siguiente manera: “Yo era tan vanidoso y tan fatuo que creía que eso nunca me iba a suceder. Yo creía que solo era una depresión, que era una cosa para otra gente, no para mí. Yo no quería morirme. No quería ver a nadie. No quería que me vieran. Pero yo estaba bien en mi rincón: escribiendo, pensando, leyendo sin salir.” (Documental 19 días y 500 Noches)

Han pasado desde entonces muchas cosas y de todos los colores por la vida de Joaquín Sabina. Pero la más importante de la que ahora quiere dejar constancia es que “el año pasado, a raíz del ictus que sufrí, me arroparon mucho un grupo de gente, benditos sean, a los que toda la vida les estaré agradecido. (Elisa García Grandes, Diario de Cádiz. 31/08/2003). Además, Su novia Jimena fue la que lo cuidó durante el tiempo que estuvo enfermo, siendo halagada constantemente por Sabina como su salvadora y resucitadora. A ella se le unen Antonio García de Diego y Pancho Varona, los músicos inseparables de Joaquín, quienes iban todos los días a su casa a tocar y a componer. Según cuentan ellos, lo hacían en voz alta para que la música llegue hasta el cuarto donde estaba Sabina, encerrado y melancólico.

El proceso de recuperación anímico fue lento pero provechoso, dos años después,  Joaquín acepta que “dejar de pisar el acelerador” de su vida lo ha llevado al reencuentro con sus hijas y a darle otro rumbo a sus amistades y a sus reuniones. La vida familiar se recompuso de tal manera que hasta la fecha mantiene relación de amistad con su ex esposa, la madre de sus hijas, y sin lugar a dudas los tiempos de excesos y de escándalos han quedado atrás.

 

3. La Melancolía Según Joaquín Sabina:

“No nos van a callar ni sordomudos,
si me viene a buscar la policía,
me encontrará sonámbulo y desnudo
en la calle Melancolía.”

(Recitado en la “Gira Vinagre y Rosas”. Santa Fe, Argentina. 7 de febrero del 2010.)

La post-guerra franquista y su exilio en Londres no son solo meros hechos que marcaron su inicio en la carrera literaria y artística. La melancolía de Joaquín sabina se extiende mucho más allá, como si se tratase de una acumulación de sucesos que iban provocándole un incremento en la factura de la vida que él no veía venir por estar cantando en el bar la Mandrágora junto a Javier Krahe o leyendo, rodeado de literatos, en el Café Gijón.

Este estilo de vida se pueda vincular, años más tarde, a la definición de melancolíadesde el punto de vista del Sabina post-infarto cerebral, que es su proceso de quiebre y que conlleva a la mayor depresión en su vida. Sin embargo, cuando hablamos de acumulación de sucesos que conllevan a la melancolía, estamos definiendo reacciones claras de un hombre que empieza a vivir un sueño, sin haberlo soñado nunca, y a la vez empieza a rememorar las épocas de “tranquilidad doméstica” en Jaén, Úbeda; lugar que tanto suele añorar y nombrar cuando responde a las entrevistas.

Tras el infarto cerebral que lo mantuvo fuera de los escenarios cerca de tres años, Joaquín hace una serie de definiciones de lo que es la melancolía para él, empezando con una suerte de modificación de su canción “Calle melancolía”, en la cual explica que él vive sumergido en este proceso. Es la calle donde él vive, es una enfermedad incurable. Además, explica que la melancolía es el territorio donde crecen las más hermosas canciones, los versos más exquisitos. Incluso se anima a colocar su estado de ánimo como un punto medio entre la tristeza y la alegría; y la compara con elementos poéticos como la “cerradura de la llave de los sueños”, las lágrimas furtivas; llevándolo incluso a ironías como la comparación de la melancolía con el ojo del ciego, el brazo del manco, el oído del sordo, la nostalgia del futuro.

También cabe agregar ciertas definiciones ligadas a la melancolía (Según Sabina), como por ejemplo la que hace sobre el olvido.

“Carcinoma del tiempo, hipoteca del alma, guerra fría, recuerdo de noviembre, luto de los amantes, crisantemos de boda, ceniza de los días, rima de canción, sarna del calendario, fotos amarillas, libros de viejo, el último verano, nota musical entre dos notas, verso nunca escrito, muerte súbita, regla del cartujo, palabra no inventada, extramuros del barullo, afluente del ruido, paso de cebra del miedo, estación del desierto, infierno del bocazas, secreto a voces, cierre de los bares, página en blanco, palabra de dios, ruina del cantante, poesía pura”

 

O a la soledad:

“Amante inoportuna, sombrero de los calvos, ruido sin ruido, esposa del soltero, trinchera del soldado, bufanda del mendigo, conciencia del culpable, quinto pie de los gatos, YO MÍ ME SINTIGO.”

Podemos corroborar que la melancolía es un color no tan desagradable para Joaquín Sabina, sino es una fuente de inspiración, es el territorio de la poesía y sin duda es el lugar a donde él pertenece. Además, el autor últimamente ha criticado que la tranquilidad lo ha llevado a dejar de escribir, pues si uno está muy alegre o muy triste, no hay forma en que se desarrolle la inspiración.

 

4. Ciento volando: Sabina y Celaya como antagonistas entre la búsqueda de la canción y la poesía perfecta.

El poeta Gabriel Celaya, junto con Amparo Gastón, publicaron en 1953 el título Ciento volando, con la finalidad de buscar canciones dentro de los sonetos.

Joaquín Sabina hace la contraparte con esta edición de Ciento volando, con la intención de buscar sonetos de las letras que antes fueron canción.

Cuando Sabina publica el poemario Ciento Volando de catorce, declaró que nunca había soñado con cantar y mucho menos con tener éxito. Sin embargo había soñado con escribir alguna vez novelas vanguardistas que nadie leyese.

Joaquín no se considera poeta, afirma constantemente que es mejor fumador que poeta y su modestia radica en su búsqueda interminable del verso perfecto, de la canción más hermosa del mundo. A esto cabe agregar que se convierte en cantante casi por necesidad.

Es en ese terreno de voces poco agraciadas pero con letras basadas en sonetos, donde Sabina se introduce en la vorágine que lo lleva a componer lo que denomina “música popular”, lo cual lo convierte en cantante antes que en poeta. “¿Qué queréis? ¿Qué deje de cantar (…) y que escriba unos libros exquisitos que sólo leerán otros poetas exquisitos?, decía Joaquín en la presentación de Ciento Volando de Catorce. Luego agrega: “Llevan tanto tiempo diciéndome que escriba poesía que lo que he escrito ha sido un libro de sonetos clásicos”. (Este punto se verá desmentido más adelante, pues sus sonetos son modernos y con influencias de distintas ramas poéticas europeas)

La publicación de Ciento Volando de Catorce tiene un aire a regresión melancólica. A volver a los tiempos de la palabra escrita sin necesidad de instrumentos ni videos promocionales. Lo cual una vez más le da la contra al poemario Ciento Volando del año 1953, pues Celaya había proclamado en la década de 1960 que los nuevos medios de transmisión sonora están llamados a producir (si es que no han producido ya) un cambio en la poesía de signo inverso al que la revolución técnica produjo en su día, y mucho más radical, desde luego, que el de una a otra escuela poética. (Celaya, Gabriel, Poesía y verdad. Papeles para un proceso, Barcelona: Planeta, 1979).

Por último, luego de la publicación de Ciento volando de catorce, Joaquín comprende la diferencia existente entre poesía y canción. Antes las canciones salían de los sonetos que pudiesen ocurrírsele una noche, y sin dudarlo, no ha sido una mala idea, considerando que ha producido varias de las canciones número uno en los rankings de los países de habla hispana. Sin embargo, tras el ictus cerebral y luego de largas horas de meditación, comprendió finalmente que primero es la música y luego la letra, y que los sonetos debían quedar en el campo de las hojas y de los libros, y que las composiciones musicales se debían hacer en los estudios o en compañía de sus músicos.

Tras dos años de espera y luego de la cancelación de su concierto en Barcelona por una supuesta lesión en las cuerdas vocales (la cual fue desmentida por el propio Joaquín años más tarde, diciendo que fue una excusa por su temor al retorno a los escenarios), salió a la venta el disco “Diario de un peatón” en el año 2003 y su retorno apoteósico a la plaza de toros de Las Ventas en Madrid, donde su público nuevamente pudo gozar de la poesía y de las canciones de uno de los mejores compositores de habla hispana del siglo XX.

 

5. La melancolía en “Quien lo probó lo sabe”: Un análisis de la vida sentimental y de las personas que influyeron en la construcción de los sonetos de esta sección.

Cuando Joaquín abrió el baúl donde guarda sus poemas, sintió la necesidad de incluir una sección en su nuevo poemario donde pueda contar lo que sucedió entre los años 1998 y 2000. En este tránsito, su carrera musical había llegado a un tope donde todo era posible. Además, tras romper su relación de seis años con la modelo mallorquina Cristina Zubillaga, comenzó a salir con la bonaerense Paula Seminara de 23 años. Sabina para ese entonces ya tenía cerca de 49 años y la idea descabellada de mantener una relación con alguien que tenía menos de la mitad de su edad parece que no le causaba problemas.

Es en este tránsito donde empieza la sección “Quien lo probó lo sabe”, con el soneto “Ni con cola” (LXXIV), el cual por el mismo título hace alusión a la disparidad entre Joaquín y Paula. Un hombre que ha ganado fama internacional ha dejado a su ex pareja para enroscarse en una nueva aventura “ultramarina”, para tener una novia que está al otro lado del mundo.

El primer soneto no es más que una referencia al pasado, una evocación que converge en su pasado londinense y su exilio, en el cual Joaquín escribe la canción “40 Orsett Terrace”(Inventario, Madrid: Universal, 1979), nombre que le pone por haber vivido sus mejores momentos en la calle del mismo nombre, en la ciudad de Westminster, distrito principal londinense.

Esta una reescritura de su propia historia, una comparación que convierte de canción a soneto, una compleja analogía entre su nueva relación con Paula Seminara y la relación que mantuvo en Londres con una chica llamada Lesley.

La similitud entre estas situaciones no es simple, Joaquín compara su estancia en Londres, lugar donde estaba de vagabundo, de ilegal, donde pasaba hambre y vivía dependiendo de una mujer que terminó por echarlo de su casa.

En el año 99, Joaquín regresa a un exilio similar, a las andanzas nocturnas, de una u otra forma trata de rejuvenecerse con esta relación. Sin embargo, el mismo poema hace hincapié en que ahora respira, se acicala, se cansa de crecer, se enfada con el “padre de sus hijas”.

El cambio entre 40 Orsett Terrace al soneto LXXIV es brusco, pero mantiene la misma línea. Ya no nos habla un Sabina joven: nos habla un sabina viejo intentando ser joven sin poder lograrlo por tener una vida a cuestas, con dos hijas producto de su relación con Isabel Oliart, víctima de una clara melancolía por evocación.

A medida que nos adentramos en el poemario, podemos identificar un cambio brusco en la poesía de Joaquín. Aparece el primer indicio fuerte de la melancolía del autor.

Aunque el desarrollo del poema “La flor de la candela” (LXXXVI) se refiere claramente a Paula Seminara, el título hace referencia a “La flor de la Canela”, canción escrita por Chabuca Granda el 7 de enero de 1950, con lo cual se hace referencia de manera indirecta a su novia actual Jimena Coronado, aunque esta sea una mera especulación.

Este soneto es una mezcla entre el proceso melancólico de evocación de las primeras veces en que Joaquín y Paula salían, delos encuentros clandestinos, de la incertidumbre de quedarse solo, “badila de mis quieros y mis puedos”: ella era la que movía la pasión y lo mantenía siempre hacia adelante, la que le encantaba, lo deslumbraba. Sin embargo, Paula vivía huyendo, “laica patrona de la despedida”, como sentencia el soneto.

En “Tu justicia por mi mano” (LXXXVII) ya hay una clara definición y separación entre la situación de Joaquín y la de Paula Seminara. A pesar que Joaquín le dobla la edad y puede que tenga más experiencias de vida, la joven no es inocente ni tranquila. El soneto hace referencia a la incomodidad del autor frente a la juventud que ha tenido que aparentar para poder mantenerse al lado de alguien de menor edad.Aquellas diferencias que hacen incluso que se queje de una actividad sexual excesivamente activa que al parecer, a sus 49 años Joaquín ya no puede mantener.

Hay una alusión a la falta del sentido de vergüenza. Hay un sentido de crítica hacia su moral, pues se da cuenta que está dentro de una situación prohibida socialmente o mal vista.

Sin embargo, en este punto del soneto parece que la relación ya ha culminado y es una crítica póstuma, es una evocación y una forma de explicación a lo que sucedió.

Ahora Joaquín se mantiene de vivos recuerdos en un proceso de olvido, en un proceso melancólico. Y como el mismo título lo explica, esa “justicia por su propia mano” no es nada más que el acto de masturbación, al cual recurre al sentirse solo y al evocar los recuerdos de su joven novia.

En el poema “Tal para cual” (LXXXVIII) prosigue la enmienda. Una suerte de justificación de la relación que tuvo yjustamente este es el proceso reflexivo y depresivo que se lleva en medio de una aceptación y superación de un fracaso.

Las comparaciones que hace Joaquín entre él y Paula son una  muestra de la incompatibilidad que había entre ellos, empezando por que Joaquín se considera viejo y acabado frente a la belleza y juventud de la exuberante bonaerense. La autoestima de Joaquín es claramente baja, hay un proceso depresivo, de evocación, una melancolía. Además, el título es irónico, pues ellos nunca fueron tal para cual.

La progresión dentro de la sección va a la par con el incremento de la incomprensión y la ira, con una mofa y la presentación de una disconformidad de las formas sentimentales sociales. Es una crítica despechada, llena de tristeza y odio frente al desamor. Ese es el caso del soneto “¿A quién hay que matar?” (LXXXIX), donde Joaquín desfoga su incomprensión y critica sobre las preferencias en cuanto a la búsqueda de pareja y de la felicidad.

El hombre y la mujer buscan algo que no está dentro de las estructuras que se suelen conocer, la mujer perfecta no existe y si existiese: ¿A quién hay que matar para conseguirla?

La solución que da Sabina en este poema es simplista, algo dejada si se quiere interpretar de esa manera: mejor es obviar esas búsquedas, pues uno puede quedar desanimado o se pueden aprovechar de ti. Es una melancolía arraigada en la perfección inexistente. Una melancolía basada en sueños rotos.

La crítica contra el mundo y la melancolía que embarga a Joaquín Sabina llega a su tope con Socorro Pido (XC), donde expresa su negación al perdón si es que Paula Seminara se lo suplicase. Es una suerte de soneto de rendiciónde un poeta desmoralizado esperando el azar del destino. En este soneto, Joaquín le explica a Paula sobre la importancia de los actos, en intentar y luchar por lo que uno ha construido o ha soñado construir. Al parecer es una suerte de súplica para que Paula recapacite y retome la relación. Además, habla sobre las promesas rotas  y su preferencia a quedarse solo en vez de estar al lado de una mentirosa.

Este también es un epitafio, Joaquín cierra definitivamente las puertas de una futura amistad con Paula, simplemente la olvidará, pues al parecer ella le propuso salir o volver a verse, sin embargo para el autor, lo sufrido y la soledad experimentada han provocado una ruptura total.

La siguiente instancia recorrida en esta vorágine de sucesos plasmados en sonetos, es un poema dedicado a Jimena Coronado. La transición entre el noviazgo de Joaquín y paula casi ha concluido, sin embargo aún quedan rezagos de la melancolía y de las evocaciones del pasado.

Joaquín empieza a salir con Jimena Coronado y parece que este suceso produce un quiebre en el estado de ánimo del autor, provocando el primer verso con cierto aire a reto, a una decisión pronta por parte de la nueva musa, la cual aún es un amor idílico, una fantasía oculta. El poeta sabe que no debe meterse en una relación sin haber superado a Paula Seminara y lo afirma en el poema alegando “Yo también huyo en trenes a medida”, con esto indica que no es capaz de enfrentarse aún a una nueva relación, que aún es un cobarde que huye y se esconde tras su melancolía.

En este poema aún hay dualidad. Aún hay una suerte de querer y no querer, de desear y de alejar.

Además, la cobardía está presente entre ambas partes, pues el autor hace referencia a una cierta indecisión por parte de Jimena “pero, si vienes, juégate la vida” pues al parecer ella está dudando en aventurarse a mantener un idilio con el poeta.

Joaquín parece haber superado definitivamente a Paula Seminara de su vida, sin embargo se necesitan más de ocho sonetos para desligarse de alguien. El siguiente Soneto de la sección hace referencia al inicio de una nueva vida acompañada del inicio de un nuevo siglo. Según fuentes oficiales bibliográficas del autor, Joaquín inicia su relación con Jimena Coronado en el año 1999, sin embargo el soneto que presenta con el número XCII “Primero de Enero” explica que el autor mantenía aun una fuerte aflicción por su relación infructuosa con Paula Seminara, por la cual alega que el primero de enero del año 2000 no habrán celebraciones sino solo rutinas y un clima frío. Explica también que retornará a los escenarios para cantar y así mitigar la melancolía que lo embarga, y si en caso no consiguiese cantar nuevamente, esperará la perdición sentado, inmóvil, como un muerto en vida que no tiene salvación. Lo interesante de este soneto es que precisa que el despecho es tan grande que podría irse con la primera que lo quiera para tratar de minimizar su pesar.

Hasta este punto, el autor ha descargado su inconformidad y su despecho contra su ex novia sin medir palabras ni menguar sus sentimientos. El soneto antes explicado es un punto de quiebre, pues representa uno de los últimos escritos con claras señas de desprecio hacia Paula Seminara.

Tal vez la creación poética que le sigue es uno de los bastiones que representará a Joaquín Sabina en los próximos años de su carrera, determinando la música y su aire melancólico en todos los conciertos que dará a posteriori.

En Puntos Suspensivos (XCII) crea una nueva forma de ver la musicalidad y la poética, logrando uno de los poemas más emblemáticos escritos por el autor.

Las descripciones inician por dar cuenta de qué es lo que queda luego del amor, luego de una relación. Las camas vacías, las habitaciones con las ventanas abiertas, la búsqueda de otros cuerpos en otras habitaciones. La lista prosigue con los recuerdos nefastos, los sueños recurrentes en los que se recuerda a la persona amada con anterioridad, las esperas de una llamada de la otra persona que nunca llegará, la falta de sentido, la falta de pertenencia.

Pero, la frase célebre que pondrá a esta sección como el estandarte de los conciertos de Joaquín será “(…) Cuando, al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos”. Acaba de aceptar que el caso Paula Seminara tiene que quedar en el pasado.

En los siguientes versos: Silicona (XCIV), El oro del Perú (XCV) y Sin romper cristales (XCVI) hay una explicación de Joaquín sobre la post-relación que ha llevado con Paula Seminara. Ya no tienen un aire de crítica, sino mantienen ciertas palabras hirientes, intentado dejar la imagen de Paula por los suelos. En el soneto XCIV se puede leer por primera vez a un Sabina indiferente, alegando que el amor que se formó entre ellos era una gran mentira, tan falso como la operación a los senos que se hizo Paula con el dinero de Joaquín (He aquí la explicación del título del Soneto). Por otro lado, en el siguiente soneto (XCV) ya se habla abiertamente de Jimena Coronado en una suerte de comparación. Paula se había juntado con el autor para ganar fama y para conseguir que le escriba y dedique sus canciones, lo cual consiguió y se explica en el Soneto XCVII “Dentro de un Tiempito”, cuando Joaquín alega que le había escrito la canción “Dieguitos y Mafaldas” (19 días y 500 noches, BMG Music Spain, año 1999).

En el Soneto XCVI “Sin Romper Cristales” se pone fin a este camino recorrido por Joaquín. Paula ha conseguido a otra pareja y al parecer ha sufrido un desfase y ahora es exhibicionista y liberal.

Este soneto sirve como última oportunidad para sacar en cara todo lo que el autor hizo por su ex novia y le da a entender lo difícil que será si es que ella intenta ser su amiga y que si en caso se diera esa amistad, sería fingida.

Joaquín termina este verso aceptando una vez más que lloró en medio de su soledad cuando fue abandonado por Paula y afirma que nadie te enseña a olvidar y tal vez el olvido no exista, pero hay formas de ir dejando atrás lo que se vivió.

El penúltimo soneto de la sección Quien lo probó lo sabe es el número XCVIII “Este ya”, el cual, en su versión modificada, es reconocido por servir de introducción de la canción “Nos sobran los motivos” (Nos sobran los motivos, Sony BMG / Ariola, año 2000).

En este soneto se da por concluido el amorío entre Joaquín y Paula. Es radical, sin embargo la nueva relación que inicia Joaquín con Jimena Coronado le hace olvidar y poner un punto final a las peripecias que vivió con su ex novia Bonaerense.

 

6. Características de la poesía de la sección “Quien lo probó lo sabe”: Estructura poética, influencias, temple de ánimo y actitudes poéticas.

Los sonetos presentados en la sección “Quien lo probó lo sabe” responden a una rítmica natural según el estado anímico del autor, el cual ha plasmado su obra bajo la estructura del soneto, compuestos por catorce versos (dos estrofas de ocho versos y dos de tres versos) bajo el estilo moderno de composición, el cual no respeta la estructura clásica de endecasílabos ni a una estructura correlativa y símil entre verso y verso. Llegamos entonces a la primera conclusión frente a esta sección del poemario: los versos son polimétricos y de estructuras variadas.

Para entender mejor la progresión de la poesía referida en este análisis, es indispensable referirnos al siguiente cuadro con las estructuras de los sonetos de la sección “Quien lo probó lo sabe”:

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Sabina se aventura en una mezcla modernista en sus estructuras, caracterizándola por plantear los cuatro primeros versos al estilo de los sonetos modernos provenientes del parnasianismo francés y de la poética isabelina “ABAB” y en los siguientes cuatro utiliza la combinación “CDCD”. Este conocimiento posiblemente lo heredó de su larga estadía en Londres o por su afición conocida por Bob Dylan.

Las únicas variaciones presentadas, que se dan en las primeras estrofas, sonde los versos 89 y 95, escritas al estilo clásico español (ABBA) y repitiéndose una característica similar en el soneto 97 con la variación de la segunda estrofa (CDDC) frente a las estructuras del resto de sonetos.

No podemos afirmar una característica fija en la construcción de las estrofas de cada poema, pues encontramos estructuras idénticas en las dos últimas estrofas sobre la base EEF:GGF en los sonetos 84, 88, 94, 95 y 98; se da el mismo caso con los poemas 89, 91, 93 y 99 con la correlación EFG:EFG; y en los poemas 85, 86 y 96 con la relación EFE:GFG.

Siguiendo esta agrupación por estructuras y comparando los poemas escritos se pueden identificar ciertos rasgos característicos que confluyen entre soneto y soneto. Aquellos que están bajo la estructura EEF:GGF contienen un fuerte arraigo con la melancolía por evocación y la melancolía por comparación de edad. Entre los sonetos “Ni con cola”(84) y “Tal para cual”(88) se puede encontrar a un sabina preso del paso del tiempo, sintiendo el peso de su edad frente a Paula Seminara, sin embargo en los poemas “Silicona”(94) y “El oro del Perú”(95) sabina trata de hacer un descargo sobre esa supuesta juventud hermosa que aparenta su ex novia, acusándola de operarse los senos y de no ser la única mujer en el mundo que es capaz de amar y deslumbrar al poeta, sino que existen otras mujeres capaces, siendo aún más hermosas.

Bajo la estructura EFG:EFG se pueden identificar dos sonetos con una sobredosis de búsqueda y de decisión. Entre “¿A quién hay que matar?” (89) y “Juégate la vida” (91), Joaquín lucha contra la idea de un amor platónico que es capaz de todo para conseguir su propósito, además de la añoranza de la mujer perfecta. La ironía presente se encuentra en los otros dos poemas: “Puntos suspensivos” (93) y “Matar las tardes” (99), los cuales demuestran que una vez más el poeta se queda solo y melancólico, sin haber encontrado a la mujer ideal, a pesar de haberse osado a realizar las hazañas más grandes por conseguirla.

Por último, dentro de la estructura EFE:GFG se pueden agrupar tres sonetos sobre las despedidas y la soledad. En “Alrededor no hay nada”(85), “La flor de la candela”(86) y “Sin romper cristales”(96) hay una visión de un poeta huraño y solitario al nombrar que la única patria que tiene es su cuerpo y que alrededor no hay nada, pasando luego por las evocaciones de las despedidas de Paula Seminara, como si se tratase de un proceso de recordar y alejar esa memoria progresivamente, y por último la noticia que pone fin al idilio y al proceso de aceptación de la ruptura sentimental, en la que Paula inicia una relación con otro hombre.

Las construcciones que difieren de manera más arraigada a la progresión poética, estructural y rítmica de la sección se encuentran en los “Tu injusticia por mi mano” (87), “Socorro pido” (90), “El primero de enero” (92) y en “Dentro de un tiempito” (97).

Si realizamos una analogía entre el estado anímico del autor, encontraremos que en los dos primeros sonetos, el desamor y el despecho han apresado al poeta, haciéndolo víctima de la desesperación. Esto se plasma en una estructura distinta que llega a su esplendor en “El primero de enero” (92), coincidiendo con el intento de iniciar una nueva vida tras la ruptura con Paula Seminara. En este soneto hay incluso retornos en las estructuras de la tercera y cuarta estrofa hacia las de las dos primeras. Podríamos entonces determinar de manera fehaciente que el poema 92, aparte de encontrarse en medio de los dieciséis poemas escritos, es una ruptura en la progresión melancólica del autor dentro de la sección, encontrando más adelante, en el poema 97, una reafirmación con cierto recelo de lo que sucedía en la vida sentimental de Joaquín Sabina.

Esta sección también está caracterizada por ser una progresión de sucesos, de constantes altibajos y de ilusiones que se forman y se caen. “Quien lo probó lo sabe” como su mismo nombre lo indica, es una narración de lo que sucede con el amante que ha sido dejado y aun sabiendo lo dañino que puede ser volver a reconstruir la relación con una pareja que no vale la pena, mantiene una lucha interna entre la realidad y los recuerdos, dándose el caso de momentos de soledad o situaciones afortunadas donde aparece una nueva persona para hacer olvidar aquel pasado fatídico.

 

7. Análisis del “yo melancólico” en “Quien lo probó lo sabe” como medio de reafirmación personal, literaria y artística de Joaquín Sabina, las influencias presentes en la sección y la melancolía en la carrera literaria y artística de Joaquín Sabina que ha originado la sección.

Luego del derrame cerebral, Joaquín sabina se sinceró consigo mismo y con su público. Han pasado diez años desde que estuvo al borde de la muerte y se encerró a replantearse su modo de vida y su forma de expresión musical y poética. La constancia de esa ruptura con su pasado fue la publicación de Ciento volando de catorce, como un análisis retrospectivo para comprender, desde sus experiencias pasadas, su nuevo proyecto de vida.

La sección quien lo probó lo sabe nos muestra a un Sabina desolado, triste, melancólico, enamorado y nostálgico. Esta personalidad nunca antes se había visto en el cantautor, salvo en las ocasiones que cantaba la canción Calle Melancolía (Malas Compañías, Epic / Ariola, año 1980) la cual, afirmaba el poeta, era muy rosada a comparación del rock que quería proponer a su público.

Tras su desaparición de los escenarios, Joaquín se ha movido desde un punto de vista distinto. Sus letras han cambiado para convertirse en himnos llenos de sentimiento, llenos de recuerdos y melancolías. Incluso se pueden reconocer cambios y modificaciones que realizó dentro de la sección analizada, como si tratase de reescribir su historia. Además, varios de los poemas ya analizados empezaron a servir como introito para sus canciones en diversos conciertos, como es el caso del soneto “Este ya”, recitado sin excepción antes de cantar la canción Nos sobran los motivos (Nos sobran los motivos, Sony BMG / Ariola, año 2000).

La influencia de esta sección ha ido aumentado con los años. Los diversos versos han dado pie a lo que se llamaría en el año 2006 “La gira ultramarina”, nombre que evoca al poema “Juégate la vida” (XCI) el cual inicia con el verso: Ultramarino amor, bruja granita (…) dedicado a Jimena Coronado.

Además, Joaquín mantiene aún cierta nostalgia melancólica cada vez que hace sus conciertos en Argentina, pues una de sus canciones insignes dedicadas a ese país, Dieguitos y Mafaldas (19 días y 500 noches, BMG / Ariola, año 1999) se la compuso a Paula Seminara.

Incluso, en el último disco publicado, Vinagre y rosas (Sony BMG, año 2010), Joaquín hizo del soneto “Puntos suspensivos” (XCIII) una de las canciones más emblemáticas, la cual despertaría más de un comentario frente a la irreverencia de poner a la poesía antes que a la música.

A Joaquín Sabina no le han faltado motivos de inspiración. La poesía le ha dado la razón con estos sonetos, pues esta forma de composición siempre ha sido mitad canción, mitad poesía. Acompañados de una rítmica que se aprecia con tan solo leer los versos. No obstante, Joaquín hace trampa en la publicación de este libro, pues muchos de los sonetos que aparecen en él, son canciones o modificaciones de canciones que ya había publicado con anterioridad o bien las recitaba como introducción de alguna canción en los conciertos.

Como último dato sobre la influencia de su pasado en esta sección del poemario, cabe añadir que el mecanismo de composición y mezcla entre poesía y canción no es novedoso en Joaquín Sabina. El primer poemario que publicó en Londres, en el año 1976, titulado “Memorias desde el exilio”, recopiló buena parte de lo que tres años más tarde sería su primer álbum.

En la carta que envía desde el exilio, acompañado de este primer poemario, a sus amigos y familiares en Úbeda, Joaquín les dice lo siguiente:

“No me engaño sobre estos textos, fueron escritos para ser cantados. Me temo que leídos resulten desabridos como puchero de pobre; echan de menos la voz y la guitarra. El exilio y la impotencia son culpables de que se editen en forma de libro. Creo en la canción como género impuro, de taberna, de suburbio; por eso amo el blues, los tangos, el flamenco. Mis canciones quieren ser crónicas cotidianas del exilio, del amor, de la angustia, de tanta sordidez acumulada que nos han hecho pasar por historia.”

 

8. Conclusiones:

1. La melancolía en la obra de Joaquín sabina no puede ser entendida de manera directa y con un análisis simple de un tramo temporal. Es necesario adentrarse en su bibliografía, en su trabajo y en sus círculos cercanos, y sobretodo saber cuál fue el detonante para que se produzca el cambio brusco en su expresión artística. Además, la definición etimológica de la palabra puede utilizarse de una manera directa y coherente en este análisis, dado que el resultante fue un proceso de creación genial.

2. El poemario Ciento volando de catorce es una búsqueda melancólica. Una regresión hacia el pasado simple de la poesía. Es el intento de Joaquín Sabina de retornar a sus raíces.

3. La poética y la estructura de los sonetos corresponden al temple de ánimo del autor, dándose el caso de una progresión que se va ahondando en la melancolía a medida que progresa el poemario y que encuentra su punto de quiebre con el poema “Primero de enero” (XCII), en el cual las estructuras varían totalmente a la par que lo hace el estado de ánimo del poeta.

4. Ha quedado demostrado que la melancolía representada en la sección “Quien lo probó lo sabe” del poemario Ciento volando de catorce, proviene de la evocación de la relación que tuvo Joaquín Sabina con Paula Seminara, siendo este proceso el nexo que provoca una remembranza y una comparación entre su juventud llena de excesos y su presente. Además, la vorágine de sucesos lo llevan a una incertidumbre sobre la elección entre Jimena Coronado y su ex novia, ya que, por lo explicado, el poeta nunca se desarraiga totalmente de la memoria de su última relación. A esto cabe agregar las constantes muestras de melancolía que provienen de la evocación de sus canciones anteriores, además del infarto cerebral sufrido en el año 2001, el cual ahondó la depresión en la cual estaba sumido el autor.


Tesina de: Mauricio Amaro Tizon Llerena © |  http://ciudadsabina.com

Facultad de Humanidades | Universidad Antonio Ruiz de Montoya (Lima, Perú) | Nota: 18/20


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